Succioné tu clítoris muy despacio mientras mis dedos acariciaban tus labios vaginales. Estabas conociendo; explorabas y descubrías y yo te dejé hacer un rato, hasta que atraer tu boca a la mía y nos besamos. La depresión de tu espalda antes de reventar en la soberbia grupa, los pechos como suaves globos, todo en ti era firme y curvilíneo. Y entonces todo se convirtió en verdad y transitamos por el presente hacia el futuro, quedando esto en el pasado, siempre perfectible, porque, entonces, me desvestiste. Finalmente, en el último bar, pondrás la mano sobre mi bulto, acariciándolo, haciéndolo crecer bajo tu mano. Te gocé entonces sin pausa, transformando tu grito inicial en gemidos de placer, mi fuego en agua, tu hielo en lava ardiente. |