Anda hijo, ven, acércate. Sin saber muy bien cómo hacerlo, me agaché sobre mi madre intentando no aplastarla y sin preocuparme de colocar mi polla. No servía de nada porque mis manos no eran lo bastante grandes como para taparlas pero, aun así, yo lo hice. Ambos me miraban con la misma sonrisa beatífica de felicidad. Me llevó hasta el sofá donde antes había estado jodiendo con mi padre y se sentó en él dejándome de pie frente de ella. Seguí masturbándome mientras miraba como mi padre agitaba su lengua dentro de la vulva de mamá hasta que, de repente, se me heló la sangre. |