Mis pezones estaban duros. Me apresuré a imitarla y le mostré que estábamos parejas. Me senté y la vi también sentada, con la concha sucia de flujo mutuo entre las piernas abiertas. Me quedó de recuerdo su tanguita blanca. Rato después, tirada en el suelo mientras me recuperaba, el estar separada de Melina me produjo una extraña sensación de vacío. Me quedé desnuda, con las piernas bien abiertas, esperando. |