Pero había algo que no pensé. Ahora podía ver perfectamente la gran polla de él y como se perdía dentro de la boca de mi madre. Mi madre no decía nada, se limitaba a gemir y gruñir con cada penetración. Durante la semana mi padre iba a su trabajo y yo me dedicaba a mis estudios. ¡Cariño! – Dijo mi madre desde la puerta del salón liada en una toalla – Anda, dúchate mientras preparo la comida. Mi madre aprovechaba para tocarlo y pasar sus labios por el musculoso cuerpo. |