Otra cachetada fue mi respuesta. Vamos a la cocina – ordenó. Ahora sí, maldita perra, ya estás en mi poder – me gritó enloquecida. Por un momento olvidé que estaba representando un papel y me dejé conquistar por ese aroma y ese sabor que salía de su vagina. Sara entró a preparar el desayuno. Ambas terminamos juntas, yo mi leche y ella de preparar su deliciosa cena. |