Las dos veraneaban también solas, su marido se había divorciado por lo visto hacía años. Mi madre llamó para decirme que no iba a ir a comer, así que nuestra vecina se ofreció para que comiese con ellas. Minutos más tarde la llevé al baño y le lavé el coño y también mi pene. Luego la vestí y quité las sábanas, las metí en la lavadora y las tendí cuando acabó. ! ¡Es que me da vergüenza! le confesé. Ya no podía más, en un descuido mi pene parecía una fuente, soltando chorros de leche por aquí y por allá, ella se manchó las manos y yo intenté no manchar el sofá, sin mucho éxito la verdad. |