Cristina me esperaba sentada en un sillón, armada con una copa burbujeante y la munición de un plato de fresas a mano. Me limité, además de admirar con discreción y atención un generoso escote y una línea tan divina que marca el valle de un canalillo que en apariencia tuvo y retuvo, para también demostrar un apasionado interés y la sorpresa que me causaba encontrar un alma gemela, mientras interpretaba la respuesta de su lenguaje corporal a mis, casuales, aproximaciones. sino de un encontronazo. La tía ni se inmutó. Ésa es mi chica, una ucraniana de armas tomar. En le tema de aficiones se adelantó con el listado completo de mamonadas a las que se dedican las tías forradas de pasta, empezando con las carreras de caballos y terminando con el patrocinio de aldeas infantiles en el tercer mundo. |