—¡Por Dios, Señor Mas U…—No. Así que cogió velozmente la toalla, se tapó la erección que sufría y salió corriendo del baño al tiempo que las dos zorrillas soltaban una risotada. Al demonio en plena decadencia estoy viendo ahora, japuta, pensó Fernando. Fernando comenzó a marearse y su pobre pajarito volvió a desinflarse. Pero no bromeo. Cuando Fernando quedó desnudo, la viuda abrió las piernas, invitando formalmente a su amante a entregarle todo el amor que colgaba entre sus piernas. |