Me preguntó si me sentía bien como para ir a caminar un poco por el lugar. Su mirada me pedía a gritos que me llevara su pedazo a mi boca, pero a mí también me gustaba hacerlo desear, lo tomé con mi mano ensalivada y jugué largo rato con la puntita de mi lengua. Tomándome de la mano nos retiramos del lugar. Mis gemidos se hacían cada vez más intensos, y se mezclaban con los suyos; la respiración de ambos se aceleraba, los orgasmos empezaban a llegar, y moviendo la pelvis en círculos de manera frenética percibía el gran final. Acompañé con zapatos de tacón y una diminuta carterita al tono. Nos marchamos por el mismo recorrido que habíamos atravesado minutos antes, propinándonos besos a cada paso llegamos a su auto. |