Pero a este problema se le añadía otro: el pajarillo dormía y no quería despertar. ¿No cree usted que valió la pena?—¡Qué cosas tiene…! —dijo la mujer de recóndita belleza, ladeando la cabeza como una estúpida colegiala y sonrojándose—. Completamente ido, pensando que cogía el vaso, agarró al pobre gatito —el desgraciadito se había subido en aquel fatídico momento en la encimera y restregaba la suave pelusilla de su cuerpo con el vaso— y lo metió en el microondas. Del mismo modo que Fernando se sentía atraído por la mujer joven y bella, opuestas circunstancias despertaban en él un sentimiento contrario. Vamos a tener que castigarte…Asustado, el tontorrón de Fernando empujó a los chicas y salió corriendo de la habitación. Durante un tiempo, Sandra y Marianela tontearon con Fernando. |