Como si me hubiera estado observando, Sara entró en ese momento a la cocina y me vió. Una malvada sonrisa apareció en su rostro. Ven, ponte aquí, hincada en cuatro – me ordenó. Su misma timidez provoca que su jefa abuse de ella, dando por resultado que ella se sienta más aplastada cada día. Más te vale que no tires mi cena – me advirtió. Bueno Sarita – dijo Hugo aquí te entrego a mi cachorrita. |