excitar a los hombres, el saberme deseada, el saberme el sueño de sus pajas o de los polvos con sus mujeres. Turbado al verme sólo con los sostenes entró rápidamente al cubículo de hombres mientras tapaba su gran erección. A menos de un metro tenía mis pezones erectos perfectamente visibles frente a el. Se puso más nervioso todavía que de costumbre, empezó a mezclar los papeles de encima de su mesa, a rebuscar hasta encontrar un contrato que tenía justo enfrente tratando de no mirar lo que le atraía como un imán, mis erectos pezones. Sorbí con ganas el zumo, y al separar los labios derramé algunas gotas, que fueron a parar a mi barbilla y sobre la blusa. Uy, qué torpe dije mientras dejaba el zumo en la mesa y buscaba con qué limpiarme. |