La madre del enano comenzó a explicar historias de su vida de casada, y de cómo era de duro criar a un renacuajo como el suyo desde que murió su marido. Lejos de rendirse, repitió las incursiones hasta que consiguió certificar mi erección. Allí nos esperaba una nueva despedida, pero el muchachito no estaba triste. Entraron tres personas a la sala. Tú puedes llenar ese hueco, pero eso no te da derecho a acostarte con él. ¡Las nueve! ¡La madre de Oriol ya debía haber echado en falta a su hijito del alma!¡Mi madre me mata! –resoplaba el chaval. |