La mujer lo pensó un rato sin decir nada, el rato que yo necesité para lanzar una mirada suplicante al culturista, que él entendió perfectamente. Ni siquiera ha mandado un mensaje. Yo esperé que montaran mis dos pasajeros y le lancé una última mirada tierna a Jordi. Él, en cambio, había pasado largas temporadas en la mía, a veces veranos enteros. Los oleré y me pajearé. Lo leí. |