Parecía. Lentamente, fuimos una contra otra, hasta quedar pegadas como ventosas, apretándonos las tetas como para reventarlas. Estaba como atontada. De pronto, me di cuenta que Melina me estaba mirando de arriba abajo. Nunca volvió al gimnasio. Le retribuí la mirada todo lo que pude, pero no podía desatender al resto de las chicas. |