Al menos, no con palabras. Por delante y por detrás. Se veía a sí misma como una abeja reina, portando miles de huevos. Días después, ya no recordaba, ni le importaba, en qué día vivía tuvo conciencia de haber perdido el control de sus actos y sus pensamientos. He comido algo en mal estado y estoy que me quiero morir. Aquellos seres le transmitían paz, bienestar y confianza. |