Paré el disco y fui a asearme. Pero había algo que no pensé. Entonces Maite acabó de desnudarse y se colocó al lado de la otra para ayudarla a lamer aquella hermosura viril. La imagen de mi madre mamando y de Maite que sacaba la leche de él de su coño me volvió a excitar y aceleré las caricias que me daba en el pene y descargué mi semen en un trozo de papel que había preparado. Mi madre aprovechaba para tocarlo y pasar sus labios por el musculoso cuerpo. ¡Empuja cabrón! ¡Dámela entera! – lo animaba. |