Tienes diez minutos para arreglarte. Ambas forcejeamos, pero finalmente ella me tumbó boca abajo, y torciendo mis brazos para ponerlos en mi espalda, me esposó. Apenas Sara cerró la puerta yo me puse de rodillas y bajé la cabeza. Aquí vas a hacer tus necesidades. Mi vejiga se fue llenando. Entrando y saliendo, muy lentamente, se deslizaba por entre mis labios. |