Sin demasiado esfuerzo conseguimos compenetrarnos y sentir en profundidad el abanico de sensaciones que nos prodigaban los rozamientos. No pude evitar imaginarme al Jefe con quince o dieciséis años, con su cuerpo despampanante, su cabellera rubia y sus ojos azules incitando al personal. Abandonó el recorrido al llegar a los huevos para reaparecer en el elástico de los pantalones que calzaba esa mañana. La habían limpiado, pero nos parecía encontrar los aromas masculinos del chaval. La putada es que yo tendré que dormir solo en mi cama, y os echaré de menos… A no ser que…Conmigo no duermes –replicó Ray abiertamente. Su espalda firme y esponjosa se deslizaba pacíficamente contra mi pecho. |