El, muy sonriente, me miró interesado y me preguntó de qué parte de Rusia era, le conté que de Volgogrado (antiguo Stalingrado), sobre mi educación (soy maestra de primaria, pero aquí no se me reconoce el título universitario), sobre mis estancias en países de Latinoamérica (donde aprendí el Español) y mi venida a España (con permiso de trabajo pero sin trabajo real) y mi interés por establecerme aquí. Allí necesitaban inglés, ruso y español, que son mis idiomas, y que pudiera hablar por teléfono en cualquiera de ellos y entenderme con clientes y proveedores. Pero yo realicé las tareas eficientemente y desconecté. Tenía un par de sillas ante su mesa, así que tomé asiento y cruce las piernas mientras hacía que ojeaba mis papeles y, en realidad, aguardaba su reacción mientras por el rabillo del ojo le veía explorar mis piernas. Me senté y crucé las piernas. Así que empecé a buscar yo sola en anuncios en la prensa o en revistas especializadas. |