—¡Por Dios, Señor Mas U…—No. Fernando Mas Ulloa. acababa de mudarse a la casa que tenía en el campo y precisaba de un par de asistentas que se ocuparan de la limpieza de la casa y del resto de tareas que ella, por su condición social y pereza, se negaba a realizar. Por ello, en un primer momento, al ver a Hortensia, pensó en poner a prueba la velocidad de sus piernas y salir huyendo de allí, pero desde hacía tiempo andaba sin un puñetero duro en los bolsillos y las deudas se lo iban comiendo, así que decidió quedarse. Fernando cerró los ojos y pensó en las dos ninfas, la una ocupando el puesto de la fea, y la otra bajándose las bragas para sentarse sobre su cara. Cuando Fernando quedó desnudo, la viuda abrió las piernas, invitando formalmente a su amante a entregarle todo el amor que colgaba entre sus piernas. |