Ella me miró a la entrepierna y no tardé en quitarme calzas, trusa, medias y zapatillas. Nunca volvió al gimnasio. No tuve mucho que esperar. Estuvimos un larguísimo rato pegadas desde la mejillas hasta los pies, hasta que me quedé dormida. Soy profesora de aeróbic y doy clases en el ultimo turno, así que cuando termino, soy la que cierra el gimnasio. Estaba completamente agotada. |