Cinco minutos; nada menos que cinco minutos. No podía sacarse de la cabeza el surcado culo de aquella bestia, tan desproporcionado, tan lleno de surcos, tan grasiento, y sobretodo con aquella horrible hemorroide. Ya en su habitación, Fernando se quitó los restos de jabón con la toalla y se vistió. Cinco minutos; nada menos que cinco minutos. Del mismo modo que Fernando se sentía atraído por la mujer joven y bella, opuestas circunstancias despertaban en él un sentimiento contrario. Ya en su habitación, Fernando se quitó los restos de jabón con la toalla y se vistió. |