Tiene. Salimos durante un año, en los que nuestra vida sexual estaba bien pero yo sentía que podría mejorar mucho. Eso cambiaría hoy también, aunque tendría que salir a comprarlos y, por lo pronto, el pepino bastaría para dejarla caliente el rato que estaba fuera. “¿Qué me dices? ¿Vas a ser mi putita?”, le pregunté. A estas alturas estaba con la cara roja y le importaba poco como la llamase. Lo miró con incredulidad pero se lo puso sin rechistar, con el vibrador encendido en lo más bajo y yo aproveché para aumentar nuestro album de fotos. |