Yo ya no estaba allí. Nos miramos desafiantes… y le pegué un soberbio empujón en los hombros que le hizo caer al suelo, en una caída imposiblemente lenta, mientras me lanzaba sobre él para montarle. Pretexté un dolor de cabeza y no fui al instituto; a mi madre no le importó, claro que a ella no le importaba nada mío, pero esa es otra historia. Me atrajo desde el primer momento en que le vi, dando caza a aquél cretino… librándome de él… Tú… quizá sin saberlo…. Pretexté un dolor de cabeza y no fui al instituto; a mi madre no le importó, claro que a ella no le importaba nada mío, pero esa es otra historia. Chilló, un grito de terror loco, desesperado, rogando porque su propio alarido de pánico le despertara… no lo logró. |