Abrió mi ano e insertó una vela. Su misma timidez provoca que su jefa abuse de ella, dando por resultado que ella se sienta más aplastada cada día. Mientras se preparaba la cena acercó un tazón con leche y lo puso en el suelo, junto a mi. Yo me incliné, y sacando la lengua, empecé a cenar. Dios mío, las doce – exclamó Sara, poniéndose una bata para cubrirse. A ver si eres cariñosa, se una buena perrita y lame mis manos. |