Akesha la miró desconcertada. Madre estaba desnuda, recostada en su balancín, una pierna cruzada sobre la rodilla de la otra y en la mano su temido látigo de bambú recubierto de piel de toro. y tiene miedo. No había hecho mucho ejercicio pero había pasado la mayor parte del día de pie y eso me agotaba. Al lado de la reina cabalgaba una hermosa muchacha de su misma edad, tez morena, cabellos negros como el azabache, sueltos al viento, y ojos profundamente verdes que llevaba cruzado a su espalda un arco y un carcaj con flechas. Quédate aquí y métete mi pene en la boca. |